La presentación de los resultados del Censo 2024 desató otra discordia nacional por las cifras que se presentaron. Como no soy técnico ni político, no entraré en juicios técnicos de algo que no sé. Pero me atreveré a reflexionar sobre dos temas emergentes de esas cifras, aunque estas varíen en mayor o menor medida.
Primero. Desde algunas décadas la ciudad de La Paz está decreciendo en su población. Somos menos habitantes, aunque crezca la mancha urbana o se sigan construyendo más edificios. No es un dato nuevo. Pero ¿porqué? Una explicación es la tendencia mundial del decrecimiento poblacional. Pero, ¿porqué otras ciudades bolivianas crecen y nosotros no? Va mi respuesta: Muchos se van de La Paz por ser la sede de gobierno de una sociedad de mentalidad binaria (indios vs. blancos, izquierda vs. derecha, campo vs. ciudad, etc.) con escasa cultura ciudadana, política y social. Nadie quiere vivir en un campo de batalla con interminables manifestaciones de odio y frustración todos los días. Las otras ciudades capitales del eje troncal se libraron de la sede de gobierno.
Segundo. Somos en Bolivia apenas doce millones de habitantes, amontonados en cuatro ciudades, sobre un enorme territorio con extraordinarias riquezas. Somos cuatro gatos incapaces de administrar razonablemente nuestro desarrollo porque la relación población/territorio es absurda. Ya son doscientos años de incapacidad manifiesta y, nuestro estado (de izquierda o de derecha, de blancos o de indios), nunca pudo trazar un futuro. Y, aparte de incompetentes, somos cuatro gatos con odios centenarios.
Por eso, la gran tarea de las próximas generaciones es: construir un estado apropiado y resiliente para el siglo XXI. Para ello, se debe abrir un debate tecno/político para redefinir algunos artículos de la nueva CPE que inducen al pensamiento binario; y se debe reestructurar la tercera parte de la constitución transformando la territorialidad existente hacia un reordenamiento socio/espacial forjador de una nueva sociedad; pero con pensamientos académicos, ya no más con los mecanismos de la política criolla. Sin duda, una monumental tarea para la sociedad civil. Ello implicaría abrir el debate sobre migraciones, sobre centralismo o federalismo, sobre los poderes globales de la droga y la tecnología, sobre apertura económica y cultural, sobre si queremos ser ciudadanos globales o simples parias locales, etc.
Mi lectura del Censo 2024 no se pierde en conteos miserables. Esas cifras gritan que ya es hora de superar las taras de una Bolivia atrasada por obtusas prácticas coloniales, antes de ver todo nuestro territorio chamuscado y nuestra población diezmada por los enconos de siempre.







