Décadas atrás, siendo estudiante, leí sobre la obra de unos jesuitas y arquitectos en las Misiones de Chiquitos en Santa Cruz. Pasó el tiempo y tuve el privilegio de visitar y documentar ese patrimonio cultural y natural sin parangón en la región. Como los poderes fácticos están devastando ese paraíso, y la crisis es tremebunda, me sumo al lamento boliviano de estos días.
La Chiquitanía como paisaje cultural, es un conjunto excepcional: territorio, arquitectura, música, costumbres, lenguas, etc. Su historia fue épica, y la construcción de la utopía de la casa de dios en la tierra en el siglo XVII, toda una hazaña. Fueron misioneros jesuitas, como el arquitecto y músico suizo Hans Schmidt (1694–1772), quienes lograron levantar en plena selva, sociedades y edificaciones bajo el influjo de una impuesta fe religiosa. Pero, esa imposición formó a pueblos indígenas en arte y cultura; lo que es para mi la construcción de un sentido social diferente y persistente. Esa obra cultural se salvó del olvido gracias a otro arquitecto suizo Hans Roth (1934-1999) y otras instituciones y personalidades cruceñas que a finales del siglo XX restauraron las Misiones de Chiquitos. La utopía de la casa de dios en la tierra se sigue construyendo con mucho esfuerzo, y por esa encomiable obra de rescate cultural, las misiones chiquitanas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1990.
Conozco pocos sitios en Bolivia con un paisaje tan hermoso como la Chiquitanía; con patrimonio tangible, urbano y arquitectónico; con patrimonio intangible, sostenido y proyectado por culturas vivas. Verla arder en imágenes dantescas nos partió el alma. Sin embargo, siento también que ese gen cultural implantado en la población originaria hace siglos cinco es tenaz. Sobrevivió en sus inicios a incendios, inundaciones, hambrunas y pestes; y posteriormente, al abandono después de la expulsión de los jesuitas el año 1767.
Colofón 1: La Chiquitanía es la prueba de que, si una sociedad invierte en arte y cultura, se forma un gen cultural potente. Los poderes coludidos del capital y la política pueden esperar a que sus criminales pirómanos cumplan el encargo para después hacer gastos estúpidamente extemporáneos; pero, jamás podrán incendiar la mente de un pueblo con pensamiento crítico y divergente como para distinguir ¿qué desarrollo se está gestando en la Chiquitanía, en el Chapare, o en el Guanay? ¿Sostenible? ¿Resiliente?
Colofón 2: Por ese gen cultural sembrado hace siglos, nadie quemará el sentimiento de ese joven músico de Urubichá que conserva su arte en ese lugar perdido de América. El arte prevalecerá siempre a la política, y subsistirá a marchas, bloqueos y cercos.
Carlos Villagómez es arquitecto.







