El fin de semana pasado, un gigantesco operativo policial tuvo lugar en Santa Cruz con el objetivo de arrestar a un presunto capo del narcotráfico buscado en Uruguay, Paraguay, Argentina y, ahora, en Bolivia. El despliegue de más de 2.000 uniformados y todo el equipo necesario no sirvió para dar con el personaje y sus familiares, pero sí para incautar inmuebles, armas y automóviles.
Se trata apenas del más reciente escándalo relacionado con el narcotráfico en el país. Este mismo año, en mayo, se supo de un cargamento de aproximadamente media tonelada de cocaína que llegó a España a bordo de una aeronave alquilada por la estatal BoA. Hasta ahora hay una docena de detenidos con fines investigativos, incluyendo personal de la aerolínea, del aeropuerto Viru Viru, de la Aduana Nacional y hasta de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (FELCN). De los dueños del cargamento todavía no se sabe nada.
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Hace poco más de una semana, una avioneta cargada con droga cayó en Argentina, cerca de la frontera. Se supo entonces que la avioneta ya había sido identificada como sospechosa y precintada tiempo atrás, pero luego un juez la devolvió a su propietario, quien ya fue detenido, junto con el piloto y una tercera persona.
El viceministro de Defensa Social afirmó días atrás que Bolivia es país de tránsito y puente aéreo de droga peruana hacia Brasil, Paraguay y Argentina, por lo que la lucha contra el narcotráfico debe darse en el marco de la cooperación y articulación de esfuerzos bilaterales con los países limítrofes. La declaración y los esfuerzos desplegados son evidencia de que el narcotráfico es una actividad transnacional y que es poco lo que se logra cuando las fuerzas antidrogas de los países actúan sin coordinar entre ellas.
Poco antes, el Ministro de Defensa informó que los radares de uso militar y civil adquiridos por Bolivia en 2019 detectaron, solo entre enero y julio de este año, 475 vuelos irregulares. Agregó que en “algunos” de esos casos se produjo interceptación de las naves con ayuda de aviones de la Fuerza Aérea Boliviana. Salió así la autoridad al paso de crecientes críticas por una supuesta inactividad de los 13 radares que tienen capacidad de identificar todas las aeronaves que vuelan a baja altitud para evitar ser detectadas.
Los aquí nombrados son apenas los casos más notables en la lucha contra el narcotráfico, pues son casi cotidianas las noticias que dan cuenta de traficantes detenidos, laboratorios de producción de cocaína destruidos y otras actividades semejantes.
Sin embargo, de todo ello queda la certeza de que la sombra del narcotráfico, que desde hace décadas es un problema mayor para el Estado, no solo no disminuye, sino que aparentemente crece gracias a la cada vez más sofisticada actuación de las bandas involucradas en el ilícito. A estas alturas, recuperar la confianza en las fuerzas antidrogas del país exige un trabajo más eficaz en la identificación y arresto de los peces gordos, así como medidas de prevención más eficaces. ¿Será posible?

