Antonio Banderas, «chico Almodóvar» y mucho más que eso, se ha convertido en el sobrio protagonista de La piel que habito, una cinta que, asegura, el público tardará en «metabolizar» al menos los mismos 20 años que ha precisado para asumir las películas que Pedro Almodóvar hizo en los 80.
Banderas presentó esta semana en Madrid la última cinta de Almodóvar, en la que interpreta al psicópata Robert Legrand, un médico obsesionado con las muertes de su mujer, a quien no pudo salvar de un incendio, y de su hija.
La película, un thriller futurista de terror con toques de humor surrealista y almodovariano, una mezcla que es sello de la casa —»Almodóvar es un género en sí mismo», explica Banderas—, cuenta la historia de Vera, una bellísima criatura creada por Legrand que vive encerrada y observada, y cuyo único objetivo es fugarse.
«Lo que quiere hacer Legrand va más allá de la sed de venganza, es un hombre que pretende jugar a Dios», señala el actor, que niega desencuentros con Almodóvar, quien lo «descubrió» en 1982 con Laberinto de pasiones y por quien fue dirigido en otras tres películas.
Apunta que de Almodóvar le fastidia «lo cabezón que llega a ser, que te dan ganas de agarrarlo del cuello», y le reconoce en estos años un cambio: «Se ha vuelto más sobrio, más austero, minimalista, ha depurado su estilo». Además, considera que, 22 años después, su amigo Pedro le ha vuelto a mostrar «un camino que puedo volver a explorar».






