El cambio, que incluyó enroques, afectó a ocho ministerios —los dos citados y los de Justicia, Planificación, Minería, Energía, Obras Públicas y Economía—, pero Piñera dejó en el cargo al cuestionado responsable del Interior, Rodrigo Hinzpeter, y mantuvo los equilibrios entre los partidos.
La oposición ha calificado el ajuste de «maquillaje» y de juego de «sillas musicales», porque, de los tres ministros con asiento en la sede presidencial de La Moneda —con perfil más político—, dos permanecen en sus cargos, a pesar de los fallos de dirección política en el Ejecutivo. El ajuste ministerial, el segundo en los 16 meses de Administración que lleva este Gobierno, era pedido públicamente por la coalición gobernante tras la caída de popularidad de Piñera, que en el último sondeo logró un 31% de apoyo y un 60% de rechazo, el índice más bajo que ha tenido un presidente desde el retorno a la democracia en 1990.
Piñera ha admitido en su discurso de explicación del cambio de gabinete que «estamos siendo puestos a prueba (…) por una ciudadanía que exige mayores niveles de participación». Ha pedido «no dormirnos en los laureles» en la tarea de avanzar hacia el desarrollo, en la que el país se encuentra «a medio camino», y reconoció que hay chilenos que «no perciben o reciben el impacto de lo que juntos estamos haciendo».
Cuando restan dos tercios de su período presidencial, Piñera optó por no hacer cirugía mayor, lo que habría significado la salida del ministro Hinzpeter de La Moneda, como pedían muchas voces en la coalición gobernante.
Buscó renovar rostros y llevar más experiencia política, dejando más en el pasado el perfil tecnocrático que tuvo su primer equipo. Las modificaciones afectaron a solo uno de los partidos de la coalición de derecha.
Piñera nombró a los senadores Andrés Chadwick —primo suyo— y Pablo Longueira, figuras históricas de la Unión Demócrata Independiente, el partido más cercano al exdictador Augusto Pinochet, en los cargos de Portavoz de Gobierno y Ministro de Economía respectivamente, en reemplazo de Ena von Baer y Juan Andrés Fontaine. Los dos nuevos ministros son considerados dialogantes con la oposición de centroizquierda, que tiene mayoría en el Senado y la capacidad de frenar iniciativas del Gobierno. La apuesta de La Moneda es que la incorporación de Chadwick y Longueira facilite una estrategia negociadora.
Crisis de la educación en Chile
El gobernante chileno removió al ministro de Educación, Joaquín Lavín, que desde hace casi dos meses se enfrentaba sin éxito a las movilizaciones de los estudiantes universitarios y de secundaria, que piden en las calles fortalecer la educación estatal.






