No se puede cometer nuevamente el error de no estar preparados para eventos que la experiencia de otros países nos dice que pueden suceder. El hemisferio norte ya se está enfrentando a un peligroso rebrote de la pandemia. La sociedad boliviana y todavía menos el Gobierno podemos bajar la guardia: se requiere tomar previsiones para no repetir la magnitud de la tragedia que vivimos hace unos meses.
Después de un verano de reducción del contagio y de retorno a cierta normalidad regulada en algunas actividades económicas y de entretenimiento, varios países europeos están enfrentando un riesgoso rebrote de la enfermedad que puede nuevamente poner en jaque a sus servicios de salud. En estos días, varias grandes capitales de Francia, España y Holanda han restablecido restricciones a la movilidad de sus ciudadanos y han prohibido actividades en las que se registraba muchas aglomeraciones.
Lo anterior se está realizando en un clima de gran rechazo de la población que evidencia un entendible cansancio frente a una crisis que ya parece interminable y de renovadas preocupaciones en los actores económicos que esperaban, al contrario, una reactivación y normalización de las actividades y la demanda interna. Parece, por tanto, poco probable que se retorne a las cuarentenas rígidas de hace seis meses, pero la idea de “nueva normalidad” está cada vez más en cuestión.
No hay ninguna razón que impida que tal fenómeno pueda también suceder en el hemisferio sur que recién está saliendo poco a poco del pico del contagio, con cuatro o cinco meses de rezago con relación a Europa y Estados Unidos. Si tomamos consciencia de esta realidad, sería recomendable saber aprovechar este retraso para sacar lección de estas experiencias, intentando evitar los errores que se pueden haber cometido al flexibilizar las restricciones y, ojalá, mitigando un eventual rebrote o, finalmente, estando mejor preparados si éste llega a presentarse.
Esta actitud es aún más urgente después de la traumática imprevisión e ineficiencia con la que se enfrentó la pandemia hace unos meses y que llevó al país a ser la tercera nación del mundo con mayor mortalidad por millón de habitantes por el COVID-19.
Algo debemos haber aprendido de la tragedia. La pausa que estamos viviendo tendría que ser aprovechada para fortalecer los servicios de salud, dar una pausa de descanso y preparar al personal médico, impulsar las campañas de prevención que antes no se pudieron hacer, establecer de una vez por todas un sistema nacional de rastreo de casos y contar con pruebas PCR suficientes. Tareas que durante meses se exigieron y que no fueron del todo satisfechas. No podemos permitirnos más excusas; urge trabajar en próximas medidas. Aunque el rebrote no llegue, es una responsabilidad ineludible de las actuales autoridades como también de las fuerzas políticas que se perfilan para gobernar en algunas semanas más.





