La política nacional de vacunación contra el COVID-19 ha logrado avances significativos que se debe reconocer. Sin embargo, hay indicios de que la estrategia de inmunización aplicada desde hace varios meses se está agotando. Ciertamente, los gobiernos subnacionales tienen responsabilidades, pero parecería que las metas no se cumplirán sin un impulso decisivo desde el Gobierno central.
Pese a algunos incidentes como el retraso en la llegada de las segundas dosis de las vacunas Sputnik, que ha generado preocupación en los sectores afectados de la población, el proceso de inmunización contra el COVID-19 puede ser calificado como exitoso hasta el momento. Superando los graves problemas globales de abastecimiento, el Gobierno ha conseguido asegurar un abastecimiento de vacunas suficientes para la mayoría de la población adulta.
Después de varios meses de vacunación masiva, las coberturas logradas son interesantes, estamos cerca de la mitad de la población mayor a 18 años con al menos una dosis del fármaco y un 40% con un esquema de inmunización completo. En la mayoría de las ciudades capitales de departamento, las coberturas superan el 70% y en algunas incluso están alcanzando el 90% de la población meta. Ese es el resultado de una estrategia basada en la apertura de grandes centros de vacunación y en un esfuerzo sistemático para movilizar a los ciudadanos para que acudan a esos lugares.
Sin embargo, el ritmo del proceso está perdiendo velocidad. Ese fenómeno no parece tan atípico si se considera la estructura demográfica y las condiciones sociales del país: los no vacunados se concentran en áreas periurbanas y sobre todo en las zonas rurales y localidades pequeñas y medianas. Quizás hay un problema de información, pero el principal obstáculo parecería ser la dificultad de muchas personas para desplazarse a los centros de vacunación ubicados en las urbes y la reducida capacidad operativa de municipios y servicios de salud desconcentrados para desplegarse en territorios menos densos y alejados.
Frente a ese reto, el Gobierno está haciendo llamados a la responsabilidad de las autoridades subnacionales. Adicionalmente a estos gestos, no sobra tener una perspectiva realista y plantear un esfuerzo especial del Gobierno central para coordinar efectivamente las acciones a llevarse a cabo. No hay que engañarse, incluso en los municipios más urbanizados, la vacunación masiva no hubiera despegado sin la decisión e impulso del poder central como tampoco conservaría la fuerza sin el sostén de las autoridades regionales.
Desde el inicio de la pandemia, hemos sido testigos de las debilidades de los gobiernos subnacionales en todos los ámbitos de la gestión de la crisis sanitaria y de la falta de trabajo común con los brazos centrales. No hay razones que indiquen que esa situación haya cambiado mucho. Por tanto, urge que las autoridades nacionales planifiquen y apoyen en la aplicación de nuevas estrategias y herramientas para completar la vacunación, por ejemplo, entre otras opciones, utilizando a las Fuerzas Armadas, que tienen un despliegue y conocimiento interesante del territorio si se logra, por lo menos en parte, recuperar la confianza mínima en esta institución.





