La pandemia es un tema que debería motivar la unidad de todos los bolivianos y la voluntad de un esfuerzo generoso para agregar recursos de todas las administraciones públicas sin importar el signo político de sus autoridades. Lamentablemente, ya empiezan a aparecer polémicas inútiles sobre esta cuestión inspiradas más en la polarización y confrontación partidaria que en solucionar problemas.
Mientras el país y sus habitantes enfrentan una cuarta ola de la pandemia con un muy fuerte ritmo de contagios, aunque con una mortalidad bastante atenuada, el debate público acerca de estos problemas está empezando a degradarse.
Aparecieron grupos anti-vacunas que recurren a argumentos falsos y mistificaciones peligrosas para la salud pública, a los que se agregan dirigentes sociales y algunos políticos deseosos de pescar en río revuelto. Interesados más en reforzar sus pequeños espacios de poder e influencia a costa de un gobierno que vacila con demasiada frecuencia.
Vivimos en el país un clima social poco transparente sazonado, además, por deplorables cruces verbales entre autoridades y líderes políticos de un lado y del otro sobre las responsabilidades reales o imaginarias en esta emergencia, magnificadas por algunos medios y redes sociales que siguen, como ya es una costumbre, privilegiando el sensacionalismo y la estigmatización del adversario.
En un momento en que la población requiere sobre todo información y pedagogía para entender las implicaciones de esta nueva fase de la pandemia, sin exageraciones ni falsedades, estos personajes insisten en dar señales de una increíble incapacidad para entender los reclamos de la gente y el fastidio de la mayoría con las confrontaciones improductivas. Al final, el magullado no será el adversario político, sino todo el sistema.
La dificultad del Gobierno para ordenar su comunicación en general es evidente, sobre todo tomando en cuenta que es el mayor interesado en que el ánimo ciudadano sea más bien de concordia y de comprensión de los esfuerzos del Estado para acompañar a la sociedad en este trance. Más aún, cuando hay señales que indican que la opción por la masificación de las vacunas y un mejor equipamiento de los centros de salud no es equivocada y está permitiendo que los rigores de la cuarta ola se atenúen bastante.
Tampoco parece ser tiempo de meter más leña al conflicto considerando que hay grupos que desean generar desorden con la excusa del carnet sanitario, tema que debería motivar el mayor de los consensos entre autoridades de todos los signos ideológicos si éstas son responsables con la salud pública de sus administrados y electores.





