A propósito de la posesión de Claudia Sheinbaum en la presidencia de México, los días previos a la ceremonia realizada el 1 de octubre, en varios espacios sea de redes sociales o en círculos públicos se abrió el debate acerca de cómo deberían denominarla si presidente o presidenta.
Los defensores del idioma español afirman que se debe decir presidente, porque todas las palabras terminadas en el sufijo ente son neutras, o sea, no son ni masculinas ni femeninas, e incluso citan los ejemplos asegurando que son muchos y sobran: ”gerente, inteligente, teniente, prudente, paciente, exigente, etc., etc., etc.”. Del mismo modo, muchas palabras terminadas en a se refieren al masculino, ejemplos: futbolista, pianista, tenista, periodista, etc., etc.”, los argumentos son válidos y están realmente respaldados en las reglas gramaticales del español, no hay dudas.
El bando que defiende el uso de presidenta para denominar a Claudia Sheinbaum o a cualquiera de las 28 mujeres en ejercicio de poder en el mundo, dicen que al ser el idioma una construcción social que transmite valores sociales, que invisibiliza o visibiliza que estereotipa, que construye identidades, en la actualidad juega un papel preponderante para desarrollar igualdad. El idioma evoluciona junto a quienes lo construyen. El idioma construye realidades y una realidad es que las mujeres aún están en desigualdad con los hombres en el ejercicio del poder.
Qué fácil es decir ama de casa, pero cómo cuesta denominar a un hombre amo de casa. Y a esta altura de la historia, todavía hablar de hombre público tiene una valoración muy distinta a decir mujer pública.
Más allá de lo que gramaticalmente sea correcto o no, está la valoración social de lo que una mujer puede o no ser. Las mujeres no votaban y menos podían ser electas como presidentas, entonces era lógico que ni se ocurra feminizar el cargo. En la actualidad, las mujeres votan, se postulan y pueden ser elegidas en los más altos cargos de poder, a pesar de la resistencia y los datos de desigualdad existentes. Valga la pena recordar que de los 193 países reconocidos por Naciones Unidas, 28 de sus mandatarios son mujeres. Por tanto, aún hay una lucha por la igualdad que, más allá de las reglas gramaticales, exige una visibilización de esa inequidad social con las mujeres.
Lucía Sauma es periodista.






