Para abordar el análisis vamos a partir definiendo el sentido de la utilización del concepto de crisis como “estado de situación negativa”, como temporalidad, que es a la vez —la crisis— consecuencia de lo que antecede y a la vez es causa de lo que le precede.
La crisis política de la institucionalidad democrática de octubre-noviembre del 2019 que derivó en el golpe de Estado, fue superado reencausando los órganos de poder del Estado —Ejecutivo y Legislativo— a la constitucionalidad efecto de la movilización popular.
Reencausar la institucionalidad significó la presencia de otros actores políticos que son consecuencia de la crisis de octubre-noviembre y de la catastrófica gestión del gobierno de facto. La legitimidad no estaba centrada en el resultado electoral, sino en lo que significaba para las y los bolivianos la salida a la crisis, volver a otorgarle democráticamente al MAS la titularía estatal.
El MAS asumió el gobierno heredando las consecuencias políticas internas de la crisis de octubre-noviembre, con cierta ironía y sabiduría política se decía “recuperamos el gobierno, pero no el proceso”, esta frase sintetizaba que la lógica liberal-representativa electoral no significaba el reencuentro del núcleo orgánico campesino sindical, indígena, originario y popular con el horizonte de la “revolución democrática cultural”.
Esta realidad nos mostraba un déficit interno del proceso, nos obligaba a relecturar autocríticamente el escenario estatal, político, sindical y social donde nos desenvolvíamos, las tareas estatales, económica, productivas, políticas, eran diferentes, ojo no opuestas, a los tiempos políticos desde inicios de siglo, pero se privilegió el “yo revolucionario” frente al otro, ese fue el momento de la visibilización de la grieta.
La grieta se ensanchaba alimentando el vacío que nos alejaba, empezaron a aflorar las diferencias, pero a partir de la negación del otro lo que condujo a crear un estado de situación negativa.
Los congresos de la Confederación de Campesinos, de la Confederación de Mujeres Bartolina Sisa, de la Confederación de Interculturales derivaron en la división con la intervención de la policía de por medio, se fracturó el núcleo del proceso, la imagen que se irradia a lo externo es de enfrentamiento, la unidad del núcleo que fue lo virtuoso para liderar y enarbolar la transformación estatal se está diluyendo por la forma como se amplifica mediáticamente el conflicto con una fuerte intencionalidad política conservadora.
El congreso del MAS suspendido indefinidamente por intervención del Tribunal Electoral y del Tribunal Constitucional atiza la crisis, la intervención de los órganos estatales no tiene la finalidad de cuidar la institucionalidad partidaria, sino exacerbar el enfrentamiento a partir del no reconocimiento de las competencias partidarias de la dirección política y dilatar la resolución de rechazo al congreso que se desarrolló en El Alto. La única organización política que tiene presencia en la totalidad del territorio nacional se lo presenta diariamente como ingobernable internamente. Esta característica es la fuente mediática pero difundida negativamente.
El MAS, los dirigentes políticos y sociales no son presentados como el factor de la política, sino factor del conflicto, del enfrentamiento, al extremo que dirigentes sociales pro-gubernamental exigen procesos penales y detenciones para los dirigentes opuestos, estas exigencias son amplificadas en los titulares de los noticieros centrales.
Lo que el sentido común está consumiendo es imagen negativa de crisis.
Los medios, los eternos “analistas”, las diversas y folclóricas oposiciones que profesan teológicamente el sentido colonial y racial, este estado de situación de crisis es la mejor justificación para abanderar su vieja y clásica retorica anti-revolución democrática cultural.
Así como el 2019 exacerbaron las emociones urbanas con la idea del “fraude” para oponerse al triunfo electoral, ahora persiguen una meta que no está en ofrecer una alternativa, sino en descalificar al bloque sindical campesino, indígena, originario, popular y al Instrumento Político e invalidar su liderazgo.
Su estrategia esta develada, es mantener y agudizar este estado de situación negativa de crisis indefinidamente, el paso siguiente será difundir masivamente en los medios y en las redes al MAS y las organizaciones como los enemigos de la “civilización democrática”, así tender la alfombra para el retorno de la derecha.
César Navarro Miranda es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.






