Quizá el libro más resonante del prolífico e importante historiador cruceño Hernando Sanabria ha sido Ñuflo de Chaves, el caballero andante de la selva (1966) porque, como ya señalamos anteriormente en esta columna, en él se elaboró, con gran vuelo, el “mito del origen de Santa Cruz”.
Este mito consiste en remitir la “estirpe” de los actuales habitantes de esta región, los cruceños, al grupo de conquistadores españoles que fundaron la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 e inventar así un vínculo singular con España, que es el que vamos a considerar en lo que sigue.
Para funcionar, el mito requiere ennoblecer a los fundadores, lo que Sanabria realiza abundantemente, tanto destacando la condición de hijodalgo del teniente gobernador Chaves, como exaltando su nobleza de espíritu: “Es un caballero andante venido, por gracia de supremos designios, desde las pardas tierras catalanas a las selvas tremantes de misterio. Como todos los de su casta, atesora en su alma los más nobles sentimientos de la delicadeza humana, y el amor como el más depurado y cardinal de entre todos” (página 183).
Atención a la generalización “como todos los de su casta”. ¿Se refiere a todos los “caballeros andantes”?; ¿o a toda la “gente de calidad”, es decir, a los españoles de buena familia? Probablemente lo segundo, pues Sanabria describía a los acompañantes de Chaves como “una procesión de genios forasteros” que caminaban por la selva “no menos animosos ni menos dignos de nuestra admiración devota” que su jefe (p. 194).
No hubiera necesitado hacerlo, porque era obvio, pero el escritor reconocía que “admira hasta el entusiasmo” a los españoles y que buscaba “contribuir a su alabanza con las vehementes expresiones que vierte en el relato” (p. 121). Los consideraba los “nuevos argonautas, no menos tenaces ni menos valerosos que los de la leyenda helénica” (p. 169). Solamente que “la misión del español” no era encontrar el vellocino de oro, sino “españolizar tierras indias” (p. 182).
En otro de sus libros, Breve historia de Santa Cruz (1961), Sanabria rechazaba “la versión simplista y corriente de nuestras historias convencionales”. Para él, “la llamada ‘Guerra de la Independencia’ no fue la arrebatada colisión entre españoles y americanos, en la que con depurado idealismo lucharon los unos por conseguir la libertad de su tierra, mientras con bárbara sinrazón se obstinaban los otros en mantenerla sojuzgada”. Esta imagen “no traduce con justicia y rectitud la realidad de los hechos”, afirmaba (p. 69). Sanabria pertenecía al grupo de historiadores que describen el proceso independentista como una “guerra civil” entre partes enfrentadas por razones de conveniencia antes que por sentimientos patrióticos. Por lo menos, en Santa Cruz. “Cabe advertir”, señalaba, “que en Santa Cruz de la Sierra la guerra por la independencia revistió caracteres que no son los determinados en… los textos oficiales y semioficiales”.
Un fenómeno que no solo ocurrió en esta ciudad, sino que “se presentó en varias otras comunidades en las que, sobre el autóctono, el mestizo y el moreno, predominaba el elemento blanco de origen hispánico” (págs. 70-71). Con lo que llegamos precisamente al punto. Éste es el mito del origen. Se asienta sobre la creencia de que los cruceños tienen una historia y una identidad diferentes porque han poseído siempre, y han conservado, un especial vínculo étnico-racial con España.
Aquí conviene recordar, por nuestra cuenta, que el himno cruceño rima: “La España, grandiosa / Con hado benigno / Aquí plantó el signo / De la redención”; y que pone “la tierra de Ñuflo Chaves” a la “sombra” de España. Este himno fue ferozmente defendido por las fuerzas vivas de la región cuando lo criticaron algunos políticos.
La identificación del historiador Sanabria con lo español se expresa en el contenido de lo que escribe, pero llega incluso hasta su forma, a su prosa, que se parece a la de su admirado Gabriel René Moreno, solamente que estampada un siglo después de él; una prosa castiza, es decir, en este caso, españolizada, barroca (menos que la de Moreno, que era un cultor impenitente de la anástrofe o inversión del orden normal de la frase) y llena de vocablos “p. us.” (poco usado), “en desus.” (en desuso) y ant. (anticuado). La belleza de esta prosa es innegable, así como resulta evidente el deseo que simboliza.
Completan el retrato de la relación de Sanabria con lo español otras noticias, como que escribió varios textos “de tema cervantino” o que hace no mucho, el 10 de agosto de 2023, fue elogiado por La Esperanza, un periódico “católico-monárquico”, porque “mantuvo una línea de pensamiento favorable hacia el legado hispánico en las Indias”. Este curioso periódico lo halaga, basándose en las citas a su obra que aparecen en su página de Wikipedia, por criticar a Ignacio Warnes, el patriota cruceño por excelencia, aunque nacido en Buenos Aires, a causa de la división que este realizó, mientras luchaba por la Independencia, entre “patriotas” y “realistas”. Y otras cosas por el estilo.
Hasta aquí el vínculo con lo español, tal como lo concebía uno de los mayores intelectuales cruceños. Un segundo mecanismo del mito del origen es imaginar una forma de mestizaje que en ningún momento desvalorase el capital biológico aportado por el “elemento blanco de origen hispánico”. Ya hablaremos de ello.






