Los sentimientos y sentidos de pertenencia marcan la diferencia; los pueblos, sectores obreros, populares y barriales, afirman con un alto nivel de emotividad “nuestra Bolivia”, “nuestra patria”, enunciación en primera persona porque manifiesta su sentido de pertenencia a “nuestra”. Esta afirmación no es un chauvinismo regionalista, sino un acto conciencial porque identifica a la Patria como su yo colectivo identitario. En la otra vereda están los que expresan a Bolivia como su propiedad, se ubican por encima del Estado y, obviamente, de la sociedad, y nos dicen “hay que salvar Bolivia”.
Esta última afirmación no es una casualidad de estos tiempos de crisis, sino la reiteración de una frase que sintetiza su relación con la Patria. La fuente identitaria es la propiedad, la explotación y el excedente, razonan no solo como propietarios sino como clase social capitalista.
El capitalismo en nuestro país se desarrolla en condiciones periféricas, tributan o transfieren el excedente a los centros hegemónicos imperiales. Esa relación de subordinación/dependencia dentro el capitalismo construyó simultáneamente una cultura de superioridad colonial capitalista-endógena; nos vieron y nos ven como el objeto y la fuente inagotable de recursos naturales y humanos; por ello no es casual que reivindiquen y defiendan la seguridad jurídica, condición sine qua non para el desarrollo bajo la lógica del capital. Esta posibilidad requiere de un Estado fuerte, de un gobierno que imponga el imperio de la ley, toda la institucionalidad política, jurídica, policial, militar dispuesta a hacer cumplir la verdad estatal como la razón de la civilización.
El capitalismo no defiende solo al capital, sino al capitalismo como sistema; ahí radica el sentido que tiene sobre la patria.
El deseo de que Bolivia vuelva a la senda estatal neoliberal ortodoxa no es nuevo, pero hoy tiene mayor relevancia por la crisis dentro el bloque indígena popular; las opciones con más o menor intensidad giran bajo el paraguas de los referentes de extrema derecha de la región: Bukele, Milei, Bolsonaro y envalentonados con el triunfo de Trump.
Claure, el multimillonario empresario boliviano, considerado por una revista de negocios como uno de los de mayor influencia continental y además ser el propietario de tres equipos de fútbol profesional en Bolivia, Estados Unidos y España. Esa aureola le da el derecho de arrogase y se considera a sí mismo el mediador, gestor, promotor de acuerdos políticos, empresariales, para salvar Bolivia. El capital impone el bastón de mando sobre la patria.
Desde su pulpito empresarial, autoconsiderado su salón oval, se brindó con la cobertura mediática que necesitaba “mediar” entre el expresidente Morales y el presidente Arce; su lógica de razonamiento emerge del sentido de propiedad que le da el capital, se pone por encima del Illimani, ve al indio y al académico pelearse como si fuesen sus vasallos y los llama para que se abuenen.
Recorre a la otra vereda, ve a varios autoproclamados presidenciables, cada uno de los candidatos con o sin sigla, anunciando a los cuatro vientos que serán el próximo presidente; otros, en su orfandad, pidiendo primarias para definir candidatura unitaria, un empresario y eterno candidato comprando espacios en los medios, presentando sus propuestas ante un auditorio lleno de asistentes sin ilusión y un alcalde que se siente el chocolate electoral que endulzará su ascenso presidencial. Lo que prima ante él —Claure— es el sentido de paternidad capitalista; considera a los aspirantes presidenciales parte de su círculo, pero periférico; por ello se “ofrece a conversar con ellos”; pero como ve que es una maraña indescifrable toda la oposición, decidió dar el toque final, contrató una consultora internacional para que haga una encuesta de preferencia electoral, para conocer el veredicto y alinee al club de amigos opositores.
Hoy, el amigo y admirador de los íconos de la extrema derecha internacional, sin rubor, lanza la consigna inspirada en las frases de Trump “Make Bolivia Great” (Haz a Bolivia Grande); su reto es hacer grande el capital explotando la riqueza natural estratégica que poseemos; para ello necesita un gobierno que le rinda pleitesía.
El capitalismo tiene en el sentido de propiedad sobre los Estados su razón de ser; democracia o dictadura son opciones; mientras sean útiles, recurren a cualquier método y tienen los medios y el discurso que justifique uno u otro modelo político de dominación.






