Existen varias causas del por qué algunos alimentos considerados de la “canasta familiar” escasean (y todavía están disminuidos en su producción u ocultos para su acceso) en los mercados del país y particularmente en la ciudad de La Paz. Nos llama la atención la escasez del arroz, de la carne de pollo, de la carne de res o vacuno e incluso levemente el pan. Las sociedades contemporáneas, en gran medida, son construcciones de una lógica de alimentación promovida desde el mercado capitalista de alimentos. Y la idea de la “canasta familiar” actual también tiene que ver con ese interés millonario.
Lea: Santos Marka T’ula, Manuela Guarachi y familia
Nos llamó poderosamente la atención las enormes filas para adquirir el arroz y similar actitud para conseguir la carne de pollo en los puestos de venta. Haciendo un deslinde y sin entrar en la vorágine de los compradores, nos preguntamos ¿por qué tanta aglomeración para comprar arroz? ¿Acaso se consume todos los días arroz y arroz? Algo similar tendríamos la interrogante con la carne de pollo. ¿Se come todos los días pollo y pollo…? Y otros alimentos que nos han impuesto como prioridades. Está claro, en la realidad, sobre todo con el arroz, el pollo, las carnes y otros productos alimenticios, hay una forma de especulación o se aprovecha alguna escasez inflando los precios. Se ha denunciado que las arrobas que se venden en las tiendas de la empresa estatal de alimentos Emapa posteriormente se revenden a precios exorbitantes.
Hace pocos días oí a algunos empresarios que, si no abastecían de diésel a los agroindustriales de Santa Cruz, iba a haber escasez de alimentos el próximo año, como la soya y otros productos producidos por los capitalistas del alimento. Aún nos hacen creer que Santa Cruz alimenta a Bolivia y sabemos que esa es una gran mentira.
En esta etapa de especulación con algunos alimentos urge a varias entidades, como el Ministerio de Salud y las universidades ligadas a carreras como nutrición, lanzar campañas masivas alternativas de consumo. El ministerio citado no tiene ningún rol en tiempos difíciles y de escasez, mientras que las universidades están atrapadas en auto festejos y no están en condiciones de proponer a la sociedad boliviana algo específico sobre la que analizamos.
Es lamentable que los medios de comunicación masiva solo se atengan a agrandar la especulación con frases como “no hay alimentos” o “no hay, desapareció, etc.”. Pero ningún medio de la crónica se atreve a enseñar y educar que siempre existirá otra forma de alimentarse y quizás más nutritivo del enlatado “canasta familiar”.
Muy tenuemente, por algunas redes sociales, varias “pensiones” y lugares de expendio de alimentos, sobre todo de mujeres, ofrecen comida alternativa (y con productos alternativos e inclusive sin la carne) a la tradicional, que lamentablemente está casada con carnes. ¿Nos hemos vuelto una sociedad de carnívoros tan dependientes de algunos productos? Hoy más que nunca precisamos cambiar los hábitos alimenticios de la canasta familiar, mejor dicho, precisamos retornar a la sana alimentación ancestral andina, amazónica y chaqueña. Jichhuranakanxa aycha, aycha sakixaya ayquskstanxa manq’añanatakixa. Nayra pachanxa janiw ancha aychax manq’atakanti. Kuttañasawa jiwas suma juyra manqañasaru, wali suma jakañataki, ¿janicha?
(*) Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo





