Una de las muchas luchas pendientes que se tiene en el campo de la cultura, en Bolivia, tiene que ver con el reconocimiento de los Derechos de Autor. Mientras en varios otros países del mundo, un compositor de temas de éxito puede dar por asegurada su economía, nada más por las regalías de interpretación y difusión de su obra, en Bolivia ese mismo creador se moriría de hambre.
Ocurre que existe la creencia en el país de que la música es un regalo y hay que usarlo así, gratuitamente. Los propietarios de muchas emisoras de radio, los canales de televisión, los boliches y una larga lista de usuarios que tienen en la música un factor —a veces el central— para generar sus ganancias, se indignan si se les menciona el tema del pago de derechos.
Por esto, el país es todavía un lugar donde registrar una obra musical es apenas una forma de evitar, en el mejor de los casos, un plagio interno. Pero sería misión imposible defender la propiedad en ámbitos internacionales. Así de débil es en este tema del derecho.
La Sociedad Boliviana de Autores y Compositores de Música (Sobodaycom) está empeñada en lograr el cambio. No le es fácil. Así que ahora irá ante los tribunales para enjuiciar a un boliche que se ha negado sistemáticamente a pagar por la música que le permite vivir.






