Qué deprimente que ni siquiera una buena obra, que dará beneficio a campesinos necesitados, a una región, al departamento de La Paz y, por ende, al país, pueda concretarse sin que precedan los conflictos. Una planta de cítricos en Caranavi, comprometida por Evo Morales mediante decreto, es la manzana de la discordia. Ocurre que gente de Alto Beni pretende que dicha obra sea construida en su territorio. Así que se enciende la mecha y dos pueblos están enfrentados, con todo lo malo que esto implica.
El Presidente da, entonces, un paso atrás en su decreto y deja abierta la posibilidad de que un «estudio técnico» determine el lugar más adecuado para la susodicha planta.
¡Caramba! O sea que el decreto original salió así nomás, del entusiasmo o del proselitismo, pero no del conocimiento.
De seguro que esta batalla desgastante, que ya está enemistando a los pobladores del norte paceño —las heridas abiertas, que ojalá no se hagan más profundas— se habría evitado si antes de expresar una decisión nada menos que en un decreto se habría procedido a investigar las posibilidades reales.
Gobernar es facilitar la convivencia de los bolivianos; resolver las crisis, no provocarlas. Es toda una expectativa ver cómo se saldrá de este lío.






