Desde diferentes flancos se ha pretendido instalar la polémica del cambio de denominativo de República a Estado, de adjetivo plurinacional y de reciente instauración por influencia del actual Gobierno. En los tiempos que corren, los símbolos y las fechas cobran, a veces, una significación desmedida; pero también sirven para devolver a la población el civismo que fue perdiendo en el camino de la historia.
Cuando todavía están frescos los recuerdos de vejámenes impregnados de connotación racista, no es conveniente reactivar discusiones de este tipo que pueden provocar heridas de difícil cicatrización.
Si el cambio de «República» a «Estado Plurinacional» trajo discusiones intelectuales en distintos ámbitos, últimamente viene ocurriendo algo similar con la frecuente idea del Gobierno de ponerles nombre a las fechas que considera importantes.
El 2 de agosto fue declarado «Día del Indio» a través de un decreto supremo emitido en 1937 por el presidente Germán Busch. En 1953, se utilizó la misma fecha para empalmarla con la Reforma Agraria. Hace un año, se modificó nuevamente el motivo, definiéndose recordar el «Día del Indio y la Interculturalidad». Finalmente, en este 2010 se dispuso que cada 2 de agosto fuera el «Día de los Pueblos Originarios». Pudo ser el «Día de la Producción Campesina Originaria», a sugerencia de trabajadores del agro de algunos departamentos, pero en definitiva se decidió que no. Es decir que la lista estuvo cerca de engrosarse.
«Indio» es un término con el que los campesinos y los indígenas de tierras bajas no están de acuerdo. ¿Cuál es el significado real de este vocablo? Según la Real Academia Española, «indio» es, efectivamente, el natural de la India; pero también el indígena de América, al que se considera descendiente de aquél, sin mezcla de otra raza.
De todos modos, este apelativo suele ser empleado en un sentido peyorativo, conllevando una carga de discriminación que tiene a campesinos e indígenas susceptibles, y no sin razón.
Los excesos nunca son buenos y que ellos se sientan agredidos sin motivo podría no ayudar al objetivo de la reconciliación, en una sociedad todavía intolerante. Por otro lado, el actual momento de reconciliación entre la historia y lo indígena originario campesino, sumado a la aceptación de la diversidad como algo nuestro, merece todo el respaldo, aunque para ello se apele a los símbolos.






