Lo menos que se puede decir es ¡qué decepción! El Museo del Diablo, que debe inaugurarse este mes, ha sufrido ya un retraso a causa de que las piezas que deben mostrarse son de «mala calidad». Así lo ha evaluado el Comité de Etnografía y Folklore de Oruro. Y no es que faltase dinero, pues la Unesco aporta los fondos para darle forma a una aspiración de los orureños y, en general, de los bolivianos.
Trajes de imitación, caretas de fibra de vidrio y no de yeso son algunas de las críticas expresadas, además de que el espacio del museo es pequeño.
¿Qué pasó? ¿Dónde está el trabajo de museografía? ¿Cómo se puede errar así en la cuna de los diablos de la Diablada? No parece que haya disculpa.
Los encargados del montaje y de las adquisiciones, los funcionarios del Ministerio de Culturas, han respondido que subsanarán los problemas. Cambiarán los trajes y caretas observados, además de que han aclarado que el lugar es temporal, que a futuro se dispondrá de un repositorio en regla.
Lo que preocupa es que, con tantos avances que se han dado en el país en materia de museografía (las entidades que dependen de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia son un ejemplo de profesionalismo) se tengan estos resultados que revelan la inexperiencia y la improvisación.






