De agradables palomas, estos seres alados han pasado a la categoría de molesta y peligrosa plaga. Hecho nada novedoso, pero ante el cual las autoridades de La Paz poco hacen. Las palomas han ido tomando, silenciosamente, todas las zonas, al grado de que el problema que se centraba en la plaza Murillo se ha multiplicado quién sabe por cuanto.
La Razón trabajó una nota al respecto hace como cinco años. Desde la Alcaldía de La Paz se informó entonces que se estaba buscando la solución, dando a entender que era cosa de poco tiempo lograrlo. Y aquí estamos, con más de estos animales pululando por calles, plazas y viviendas. Por supuesto que hay muchos más culpables, entre ellos la propia ciudadanía.
Ocurre que la gente no sólo que da de comer a las palomas, sino que con su descuido en el manejo de los desperdicios, abona el terreno para que los bichos vivan tranquilos. Tienen comida, también vivienda en los entretechos de las viviendas sin fachada, etc.
Parece cruel sugerir la eliminación de las palomas. Pero no hay más remedio si se desea tener una ciudad más limpia (los excrementos de estas aves son un problema de estética y salud para una urbe). Mientras las autoridades hallan la forma, los ciudadanos evitemos facilitar la vida a una plaga.






