El crecimiento experimentado por las fábricas de cemento del país en los últimos años representa un éxito sin precedentes. Nunca antes las cifras de producción, rendimiento económico y generación de empleo fueron tan favorables a la industria cementera boliviana y, sin embargo, no se recuerda que ésta pasara por una etapa tan difícil como la actual.
Aunque parezca un contrasentido, el paulatino incremento de la producción en las cementeras del país resultó exiguo frente a estos tiempos de crisis: cerca de 150 mil trabajadores de la construcción paralizados sólo en Santa Cruz completaron un panorama que, al menos hasta hoy, no encuentra visos de solución.
Los esfuerzos más claros en este sector han sido realizados por la Sociedad Boliviana de Cemento S.A. (Soboce) y la Fábrica Nacional de Cemento S.A. (Fancesa); en el primer caso, de capitales íntegramente privados, y en el segundo, de conducción mixta: tanto pública como privada, hasta que el Gobierno dispuso la reversión del paquete accionario del grupo paceño (con inversores bolivianos y mexicanos) en la factoría chuquisaqueña.
Soboce, que viene de invertir $us 35 millones en su planta de Viacha, expresó su preocupación por la falta de gas, ya que esto le impediría obtener mejores rendimientos en materia de producción. Fancesa, que planea una inversión de $us 80 millones en una nueva fábrica, se mostró dispuesta a extremar recursos para atender la creciente demanda de su principal mercado, Santa Cruz. Y lo propio sucede con las demás cementeras. Aun así, la arrolladora demanda de cemento —un fenómeno que no sólo afecta a Bolivia, sino a Sudamérica en general— pone en una situación desventajosa a todas estas empresas.
La demanda supera ampliamente a la oferta. Las fábricas no pueden responder al crecimiento de la inversión pública y privada. Los pedidos aumentan, las respuestas demoran y la inquietud se convierte en un polvorín que podría explotar en cualquier momento. Primero se hablaba de importar clinker; ahora, de cemento. Esto, ¿resolverá la crisis?
El sector de la construcción, a partir de la inusitada propagación de las obras de infraestructura, se ha erigido en un pilar fundamental de la economía que, de hecho, últimamente creció tres veces menos que la industria del cemento. Sin una cantidad suficiente de este producto no sólo cae el negocio del rubro, sino que se debilita la economía entera.






