La solidaridad y la compasión eran cualidades que dignificaban a los hombres de Neandertal (Homo neanderthalensis). Es decir, la especie que comenzó a poblar la Tierra hace 500 millones de años y que desapareció hace 40.000 años, y que erróneamente los humanos consideran como primitivo, inferior en su desarrollo respecto de la especie que hoy domina el planeta, era o parecido o, quizás, mejor en sentimientos que muchos de nuestros congéneres.
Así lo dicen las investigaciones de la Universidad de York que hallaron pruebas del cuidado que los Neandertal prodigaron a un niño con enfermedad en el cerebro y a un hombre lisiado y ciego que pudo vivir en el grupo por 20 años. El dato puede parecer no extraordinario, pero hay que entender que en aquellos lejanos días no era fácil pasar los días en la Tierra. Demasiados peligros se debía sortear para encontrar comida y no servir de ella. Así que alguien débil era un problema para el grupo, de manera que la decisión de abandonarlo era casi un imperativo de sobrevivencia.
Al menos dos mensajes trae esta investigación. Por un lado, la importancia de la ciencia, de la arqueología, para entender el propio presente. Y, por otro, la necesidad de recuperar aquello por lo que los humanos nos vanagloriamos: la búsqueda del bien común.






