Los pueblos, como el camino, se hacen al andar; por eso la historia (el pasado) cuenta tanto como la renovación (el presente y el futuro). Con el paso del tiempo, las naciones deberían aprender de sus errores para no repetirlos, mirar hacia adelante y salir en busca del progreso con el brío de los valientes. En ese rumbo, no siempre señalizado y difícil de caminar, los pueblos, más que nunca, se necesitan entre sí.
A diario se comprueba que el mundo global impulsa a los países a interrelacionarse para no quedar marginados de la ruta del desarrollo. La injusticia todavía impera en el planeta, es cierto, pero el aislamiento no ayuda a cambiar esa historia.
Los presidentes Evo Morales y Alan García se acaban de encontrar en el puerto de Ilo con el propósito de reanimar las diezmadas relaciones diplomáticas de Bolivia y Perú. ¿En qué momento se deterioró ese vínculo, esencial para el desarrollo conjunto de dos países que nunca deberían recorrer por separado el camino del progreso?
En tiempos de exacerbación de la política y, aun más, de ideologías por encima de cualquier plataforma, la región se acostumbró a las disputas verbales de varios de sus mandatarios, entre ellos Morales y García que, en distintas ocasiones, intercambiaron feroces polémicas mediáticas al punto de haber llegado inclusive al insulto.
La relación de los presidentes de Bolivia y Perú, de ninguna manera condice con el hermanamiento de ambos pueblos que la historia se encargó de escribir durante siglos. Aquí y allá conviven a diario miles de expatriados sin necesidad de cuestionarse unos a otros dónde han nacido o en qué lugar han decidido morar. Bolivianos y peruanos tienen mucho más en común que un lago tan apreciado y simbólico como el Titicaca…
Ahora, Morales y García se estrechan de nuevo las manos por el proyecto «Boliviamar», una de las muchas razones inteligentes que tienen para dejar de lado sus diferencias personales y beneficiar a los pueblos que dirigen, ojalá, por la senda del desarrollo.
¿Acaso no necesitan trabajar juntos, además, en el combate al contrabando, el narcotráfico o en la migración? ¿No será mejor eso, antes que envilecer los lazos comunes de Bolivia y Perú? Todos los presidentes, hoy, más que nunca, deben velar por la integración de las naciones; Morales y García, en particular, tienen que cuidar la amistad que en esencia une a los pueblos boliviano y peruano.






