La de Rousseff es una nueva victoria de las mujeres sudamericanas. No sólo será la primera presidenta de la historia de Brasil, sino que participará del exclusivo grupo de las nueve que tomaron las riendas de ocho naciones desde que, en 1974, Isabel Perón inauguró la lista en la región. A la argentina le siguió la boliviana Lidia Gueiler Tejada, presidenta interina de 1979 a 1980. En todo el mundo, actualmente, las mandatarias suman menos de diez.
El domingo triunfó una persona luchadora. Habiendo formado parte de una organización armada de izquierda que se enfrentó a la dictadura, Rousseff estuvo detenida durante tres años, tiempo en el cual fue torturada. A la ex guerrillera le dicen la «delfina» de Lula, porque fue jefa de Gabinete del actual presidente, pero también se la conoce como «la dama de hierro».
Su experiencia para tocar el tema del gas con Bolivia, al haber pasado por el Ministerio de Minas y Energía, debe ser considerada por las autoridades nacionales. Apuntar a las ideas convenientes (menos políticas, más económicas) en este aspecto será, en todo caso, fundamental a partir del 2011, cuando Brasil se mostrará todavía más seguro de sus objetivos en materia energética.
En abril de este año, en su calidad de candidata del PT, la ahora presidenta electa ratificó la decisión de Brasil de ampliar las relaciones con Bolivia más allá de la cuestión del gas, aunque reconoció que ésta es prioritaria. Dijo que Petrobras aumentaría sus inversiones en nuestro país y que no se prescindiría del gas boliviano; en ese sentido, abogó por la «integración energética a nivel continental».
Favorables promesas electorales de cuyo cumplimiento estaremos pendientes.
El gas concita la atención, por su importancia para ambos países. Pero hay otros temas pendientes que se deben revisar, como el de los problemas medioambientales que causan las represas construidas por Brasil en la frontera, o el de las malas experiencias de contratación de empresas con bandera de esa nación responsables de obras en carreteras nacionales de gran envergadura. El narcotráfico es otro punto que se tendría que encarar con mayor seriedad.
Además de fortalecer el hermanamiento que siempre ha caracterizado a Bolivia y Brasil, que del merecido aplauso a la nueva gobernante se pase a concretar los negocios del gas y también a impulsar los aspectos relegados en la agenda bilateral.






