Cuando caía la noche, el frío se hacía insorportable, aún más en la madrugada, ya que la temperatura descendía a cinco grados bajo cero. En el día, el ventarrón no sólo levantaba la tierra y golpeaba los rostros, también lastimaba los ojos. Y si salía el sol, éste quemaba los pómulos hasta volverlos de color rojizo. Manos callosas, ropas desgastadas y cuerpos cansados pugnando por seguir trabajando, pues había que sacar de la mazamorra a Ramón Choque Choque y Saúr Mamani Guarachi.
Los dos mineros habían sido atrapados el viernes 19 y enterrados en el interior de la mina La Solución, en Hampaturi, a 40 kilómetros de la sede de gobierno.
Con pala en mano, guantes de goma, botas, overol y cascos con luz sobre sus cabezas, el sábado 35 mineros decidieron agruparse y trabajar unidos para tal objetivo. Fue entonces cuando, a las 20.30, entraron a la galería, donde hallaron a su «gran amigo» muerto entre el lodo. No podían esperar otro minuto. El equipo que les habían llevado para extraer la mazamorra no sirvió. Todo debía ser hecho a mano.
Luego de palear toda la noche y sacar a Choque a las 6.30 del domingo, un minero me dijo que si hubiesen trabajado el día antes, manualmente, tal vez él hubiera sido salvado, pero confiaron en las máquinas que les habían hecho soñar con un milagro.
A los dos días, y tras varios intentos de rescate con bombas que no fueron útiles para ese tipo de trabajo, se utilizaron dos palas mecánicas que pronto sufrieron desperfectos. Entonces se debía continuar con el trabajo manual que no paró las 24 horas. Otros mineros se sumaron y trabajaban en turnos, día y noche.
Los familiares de Saúr Mamani gritaban: «Ayuda, ya pues, apúrense». Innecesario, pues los rescatistas no iban a detenerse. Pese a todo, a las esperanzas, siete días después de la tragedia La Solución devolvió sólo otro cadáver.
¿Quiénes fueron los rescatistas? Pues los mineros que, comiendo apenas, confiando en el poder de la coca, asumieron la responsabilidad de no dejar en la fría oquedad a sus compañeros Ramón Choque y Saúr Mamani. Comibol envió ayuda; pero de parte del resto de las entidades estatales no hubo sino declarar ante los medios que habían llevado alimentos. Ni siquiera se pudo contar con una ayuda técnica adecuada: la máquina perforadora falló y estuvo a punto de matar a otro minero.
Si hay héroes en este caso, ésos son los mineros. Y lo son no sólo por este caso que se volvió mediático, sino por la forma de vida que están obligados a llevar día tras día. Pasado el incidente, basta saber si las autoridades sentarán presencia, controlarán la seguridad… Bs 8.000 de multa a la empresa parece tan poco.
Micaela Villa Laura
es periodista.






