De esto del chip, que el diccionario explica como un «pequeño circuito integrado que realiza numerosas funciones en ordenadores y dispositivos electrónicos», suele hablar y mucho el analista económico Gonzalo Chávez, conocido por sus comentarios repletos de figuras del cotidiano vivir. Es que los bolivianos tenemos el «chip de los recursos naturales» en la cabeza y nadie lo ha podido cambiar hasta ahora.
La exagerada dependencia de lo que pueda generar la venta de las riquezas de la tierra en el exterior devino en una bola de nieve gigantesca que, en las últimas décadas, según el grado de bonanza o tempestad de aquellos recursos, arrastró a su paso a miles y miles de trabajadores. Y los gobiernos actuaron en consecuencia, concentrando sus políticas económicas en los sectores de las exportaciones tradicionales y descuidando un amplio espectro de oportunidades para el país.
No hay manera de desmentir la historia. Resulta que así como en 1985 era poco menos que pecado hablar de un Estado fuerte en el andamiaje de la economía nacional, y entonces la empresa privada debía tomar el control de las principales empresas públicas, hoy ocurre todo lo contrario y, mientras con uñas y dientes se busca sostener la tesis de que el Estado puede ser un buen administrador, los empresarios se sienten relegados de las políticas gubernamentales.
Estatizar o privatizar. Esa fue la cuestión durante todos estos años, sin considerar muchas veces que una simbiosis de lo público y lo privado hubiese sido, quizá, la salida más interesante para impulsar el crecimiento de los sectores estratégicos de la economía. (Al cabo de cada gobierno se fue acumulando la sensación de que la economía nunca mereció el tratamiento adecuado, es decir, uno ajeno a la interesada mirada política).
De aquí a unos años la historia dirá que la primera década del siglo XXI culminó con el país atorado en las mismas honduras: en su gas, en sus minerales, sin dar los pasos necesarios para edificar una industria que genere los recursos que sí saben captar las naciones del Primer Mundo.
Qué bueno que la economía se dinamice con la entrega de bonos sociales, pero qué malo que no se acompañe esta interesante política de gobierno con acciones contundentes de fomento a la productividad. Ahora que la computadora y la Internet llenan casi todo nuestro tiempo, ¿por qué no hablar de un cambio de chip en la economía boliviana?






