Han sido menos que el 2009, pero no es un consuelo. El año que acaba de pasar se ha llevado la vida de 57 periodistas asesinados en el ejercicio de su profesión.
Tal es el balance publicado por Reporteros Sin Fronteras que, además, identifica a México como uno de los tres países más violentos para la prensa. Y así es porque ese extraordinario país latinoamericano es presa del narcotráfico, con sus múltiples cabezas, con su ubicuidad, con su acción corruptora, su locura.
Las otras naciones altamente peligrosas para los periodistas son Pakistán e Irak. Pero en ellas se libran guerras.
En México no, al menos no en el sentido tradicional, aunque a ratos, con tantos caídos entre la población civil —muchos de ellos adolescentes, jóvenes, mujeres— podría afirmarse que sí.
Algo preocupante, en este sentido, es que Reporteros Sin Fronteras ha constatado que mientras se ha reducido el número de periodistas muertos en zonas de guerra en los últimos años, la mafia, los criminales y traficantes, grupos armados e inclusive los gobiernos, los Estados, están detrás de los asesinatos.
Pese a ello, la labor de la prensa no ha cesado en ningún lugar del planeta. Con restricciones, con miedo, enfrentando incomprensiones… los periodistas cumplen su labor de ofrecer información.






