Muy a menudo, el periodismo se vale de lugares comunes, de frases hechas en su intento cotidiano de condensar en pocas palabras la complejidad inherente a los sucesos de los que da cuenta. A veces resulta enormemente creativo, pero el usar repetidamente los mismos ingenios verbales también revela falta de originalidad de quienes producen la noticia.
Precisamente por el peligro que encierra reducir la complejidad a una frase o una palabra más o menos sonora, y al mismo tiempo mostrar falta de creatividad, el Manual de Estilo del diario español El País recomienda a los periodistas huir de ellos al titular noticias.
Por otra parte, una aproximación sociológica al fenómeno de la opinión pública revela que la práctica de reducir la realidad a su «mínimo común denominador» para las grandes y heterogéneas audiencias es el modo en que los medios logran, si no unificar la percepción de los públicos, al menos brindarles un eficaz lugar donde fijar su atención y sus argumentos. El problema de esto se encuentra al buscar respuesta a la pregunta de ¿quién se beneficia con el efecto de esta orientación de la mirada?
Finalmente, el uso y abuso de lugares comunes es la causa de que medios de comunicación como este diario o la red Erbol, por ejemplo, sean calificados, ingenuamente, como «oficialistas».






