El rescate de un bebé de seis meses enterrado bajo los escombros, que durante 15 horas permaneció con vida gracias a los brazos de su padre, se ha convertido en un símbolo de esperanza para una región devastada por inundaciones y deslizamientos. Hasta ahora, Brasil llora la muerte de más de 400 personas, en una de las peores catástrofes registradas en su territorio por causa de las lluvias.
Pero no es el único; alrededor del mundo, países tan distantes como Pakistán, Colombia o Australia soportan desastres similares que suman cerca de 1.800 personas fallecidas. Se trata de un fenómeno conocido: La Niña, una corriente de agua fría que al sur del océano Pacífico se entibia y acelera generando volúmenes extraordinarios de lluvia. Lo que resulta inédito es la intensidad: la cantidad de lluvia de varios meses está cayendo en pocos días. Inédito, sí, pero no asombroso.
Durante décadas, científicos vienen advirtiendo sobre el cambio climático y sus secuelas: sequías e inundaciones más intensas. Por eso sorprende que, a pesar de las contundentes evidencias del calentamiento global y sus efectos, existan todavía gobiernos que prefieren postergar la reducción de gases de efecto invernadero en nombre del progreso; pero también personas que prefieren olvidar aportes tan sencillos como cuidar el agua o evitar chaqueos.






