Circula por internet el rumor de la incursión de una nueva constelación en el zodiaco: Ofiuco; irrupción que supuestamente fue predicha hace cuatro siglos por Nostradamus, como una señal inequívoca de la proximidad de los últimos tiempos. De ser verdad, la aparición de un 13er signo, más que un hecho astrofísico o una señal apocalíptica, representaría un fenómeno social fascinante, por cuanto pondría en crisis una rama del conocimiento muy difundida, pero también muy cuestionada: la astrología.
De un día para otro, muchas personas seguidoras del zodiaco tendrían que desayunarse la noticia de pertenecer a otro signo; un cambio drástico para quienes atribuyen las particularidades de su carácter a la posición de los astros, y confían su destino según su movimiento. Sería como trasladar una frontera durante la noche, y despertar perteneciendo a otro país, con diferentes derechos y deberes, y un futuro distinto.
Este rumor pudo haber sido difundido por astrónomos para reforzar la impresión de que la astrología se construye sin ningún rigor. En efecto, la correspondencia de un signo zodiacal es enteramente subjetiva, ya que la posición de la Tierra y del Sol, cuando éstos fueron determinados (hace más de 2.000 años por los babilonios), es ahora totalmente diferente.






