De acuerdo con información de la Empresa Pública Social de Aguas y Saneamiento (EPSAS), la nueva infraestructura se construirá en Alto Hampaturi, cerca de la cumbre que señala el ingreso a los Yungas paceños, el cuerpo de agua ocupará 10 hectáreas, será la tercera represa con mayor capacidad de almacenamiento: siete millones de metros cúbicos.
El proyecto, cuya ejecución demandará varios años de trabajo y aproximadamente $us 25 millones, será responsabilidad de EPSAS y el Ministerio de Medio Ambiente y Aguas, y será financiado con un crédito de la Corporación Andina de Fomento (CAF) que también está siendo tramitado.
Considerando que, según la explicación que brindó el Gerente General de EPSAS a La Razón, sólo el 5% del agua que se distribuye en La Paz y El Alto proviene de glaciares, y el resto procede de las precipitaciones pluviales, y que el cambio climático ya ha modificado el régimen de lluvias en esta región, la nueva represa adquiere un carácter estratégico.
Sin embargo, el almacenamiento de agua y el desarrollo de la técnica para aprovechar al máximo las lluvias es sólo una parte de la solución al problema de la escasez del líquido elemento en el futuro; la otra, ciertamente más difícil, es el cambio de las actitudes respecto de su uso en la vida cotidiana.
Ocurre que diariamente se derrochan grandes cantidades de agua con prácticas tan simples como abrir el grifo innecesariamente mientras se cepillan los dientes o tomar duchas en exceso prolongadas; o, también, en los innumerables negocios de lavado de coches que emplean agua en grandes cantidades y la dejan correr, pasando por innumerables formas en que día tras día, gota tras gota, se desperdicia el líquido.
Propuestas para afrontar ese reto hay muchas, la más inmediata tiene que ver con erradicar la ‘mojazón’ carnavalera, que implicará transformar la tradición tal y como ocurrió con la fiesta de San Juan; las otras son de mediano y largo plazo, como reemplazar los antiguos sanitarios por otros de bajo consumo y volver obligatorio su uso en las nuevas construcciones; o imponer mejores sistemas de control de pérdidas en tuberías públicas y privadas.
Pero la más importante de todas las tareas es cambiar los hábitos y las prácticas de las personas. Mientras seamos incapaces de comprender que cada gota de agua que desperdiciamos hoy es una gota que le hará falta a nuestros hijos mañana, todos los demás esfuerzos serán inútiles.






