Que ocho barrios casi hayan desaparecido en La Paz es la prueba de que, tarde o temprano, los ríos retoman su cauce y los cerros ceden a la fuerza de la gravedad luego de años de haber sido tomados por viviendas y todo cuanto implican éstas en el vivir cotidiano.
Los vecinos, centenares de ellos, en las laderas este y oeste de La Paz, asisten ahora, impotentes, a los efectos del mencionado desafío, acelerados por las persistentes lluvias.
La situación, lamentablemente, no es nueva. Y basta mirar los alrededores de la ciudad para temer que probablemente se repita. Hasta ahora, pese a la gravedad de los deslizamientos y derrumbes, no ha habido víctimas mortales.
Los habitantes de La Paz deberían tomar el ejemplo en serio. Construir por construir puede ser el peor error a la larga.
La Alcaldía se halla en este tema en conflictos, pues o deja a las zonas de riesgo a su suerte o trata de dotarles de servicios que, al final, resultan espejismos.






