Como ningún otro elemento, el agua connota las acepciones de vida y salud, tanto en textos como en discursos; sin embargo, en ciertas regiones del país, se suele no apreciar a cabalidad su importancia sino cuando falta. Y eso es justamente lo que está sucediendo en la zona Sur de la ciudad de La Paz. Hace pocos días, era posible observar el desperdicio cotidiano de agua en los juegos de adolescentes que emplean globos para divertirse, preludio de un despilfarro que alcanza niveles escandalosos durante los días de Carnaval. Actualmente, con el racionamiento obligado del líquido elemento, resultado de los recientes deslizamientos, estos juegos han quedado suspendidos. Es decir, por la fuerza, no por la razón.
Pero este ejemplo es tan sólo un punto de un gran manto entretejido por diferentes prácticas de desperdicio, que incluye el lavado de los automóviles con manguera, pasando por duchazos de más de 20 minutos, hasta la total falta de control en el empleo del agua en los emprendimientos mineros e industrias de todo el país. Que este desabastecimiento temporal nos sirva para valorar la importancia del agua, pero sobre todo para comenzar a cuidarla, porque, de ser ciertas las predicciones sobre el cambio climático, carencias de esta naturaleza serán más que corrientes, especialmente si no erradicamos la cultura del despilfarro.






