A pesar de la educación vial instituida por las Cebras, en la ciudad de La Paz existen al menos 11 puntos donde cruzar sigue siendo un peligro. No solamente los conductores sino también los peatones son responsables de este «martirio», corroborado por este diario. La falta de consideración hacia el resto, arraigada en la población ¿paceña?, puede explicar en gran parte este fenómeno. Mientras los automóviles invaden espacios exclusivos para personas de a pie, los peatones hacen lo propio en las calzadas; mientras unos exigen bajar donde más les conviene, otros recogen pasajeros donde les viene en gana. Y esta conducta es corriente entre conductores y transeúntes de todos los estratos. De norte a sur, hay personas que estacionan en doble fila y cruzan las calles soslayando cebras y pasarelas buscando reducir distancias. Propios y extraños (miembros de la institución del orden incluidos) se pasan las normas y la luz roja por las narices. Al respecto, cuanto más desarrollado el país, más ordenado es el tránsito, nos recuerda Mónica Machicao en su columna Warmi Sapiens: «Les juro que en Puerto Príncipe se maneja como en la Montenegro o en la Buenos Aires: se adelantan todo el tiempo, tocan bocina insistentemente, hablan de auto a auto, como si estuvieran en la sala de sus casas, demostrando que no tienen idea que la empatía existe».
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