Sus primeros años de juventud se perdieron entre la violencia y el temor. Era todavía una niña cuando aceptó compartir su vida con José Antonio. Ilusionada sin duda ante la posibilidad de formar un hogar con un adolescente de familia adinerada que le prometía cubrir sus gustos y necesidades. Pero el sueño no tardó en convertirse en una pesadilla. Los celos se transformaron en insultos y luego en golpes; las infidelidades dejaron de ser esporádicas y se convirtieron en regla. Cada vez que estos abusos eran cuestionados, la respuesta fue siempre la misma: pagar con humillación cualquier reproche.
La pesadilla duró 10 años hasta que Carla supo encontrar el valor para abandonar ese mundo de violencia. Creyó en sí misma y dio un gran paso: separarse de José Antonio y estudiar una carrera para forjar un mejor futuro para ella y su hijito de cinco años. Durante 18 meses, su ex pareja trató de regresar, pero ella había aprendido a valorarse y a respetarse. Enceguecido por el egoísmo y el rechazo, José Antonio planificó una represalia sin nombre: la atrajo hasta su domicilio por medio de amenazas y allí, durante 10 horas, la humilló, ultrajó y torturó con ribetes de violencia inusuales. En enero, una mujer con el mismo nombre sufrió, en La Paz, el mismo trato. Dos meses después, se repite, en Cochabamba, un crimen que nunca debió suceder.






