Brasil sale al rescate de Portugal. En su reciente visita al país europeo, la presidenta brasileña Dilma Rousseff anunció que su gobierno está dispuesto a socorrer financieramente a Lisboa. La salud y el tamaño de su economía, que sobrepasa en mucho a la de Portugal, le permite ofrecer este gesto solidario de gran valor simbólico: las ex colonias salen ahora en defensa de los otrora imperios colonizadores.
Estados Unidos ha hecho lo propio en reiteradas oportunidades con el Reino Unido; de igual manera América Latina con España, especialmente en el área de la cultura. A modo de ejemplo, huelga mencionar al modernismo, corriente estética que, a la cabeza del nicaragüense Rubén Darío, se inició por estos lados y terminó influyendo y avivando a las estancadas letras españolas de principios del siglo XX.
Estos hechos dan cuenta de que la colonización bien puede darse la vuelta, sin necesidad de recurrir a la violencia, sino de manera natural y pacífica, por medio de la economía y la cultura. Quizás las palabras de Oswald de Andrade escritas en su Manifiesto de la Antropofagia estén alcanzando tintes proféticos… «Pero no fueron cruzados los que vinieron. Fueron fugitivos de una civilización que estamos devorando, porque somos fuertes y vengativos como el Jabutí».






