Era inevitable que se excusara. Desde el momento en que el Presidente anunció su deseo de que el famoso jurista español Baltasar Garzón formase parte del equipo que presentará la demanda contra Chile en el Tribunal de La Haya, se publicó en los medios que el letrado es funcionario de ese órgano de justicia, lo que automáticamente lo inhabilitaba para apoyar a Bolivia.
No tardó mucho el famoso juez en responder señalando este impedimento, y el Gobierno le agradeció por su «amabilidad y sinceridad», pero hasta el momento en que se conoció la negativa, la estridente respuesta de algunos medios de comunicación y políticos de derecha en Chile fueron buen indicador de que, primero, el tema de la posible demanda boliviana está en el centro del debate público chileno y, segundo, que el nombre de Garzón causa estremecimiento en algunos sectores de la sociedad del vecino país, seguramente porque recuerdan que estuvo a punto de llevar a la cárcel al ya desaparecido ex dictador Augusto Pinochet.
Seguramente podrá decirse que en Bolivia la expectativa causada por el anuncio presidencial fue excesiva, lo que, también, es indicador de que en el país el nombre de Garzón tiene connotaciones positivas, tal vez porque tiene fama de ser un hombre valiente.






