Anteriormente, en este mismo espacio, comentamos que no eran precisamente las circunstancias las que sugerían ventilar la muerte del subteniente Gróver Poma en un tribunal ordinario, sino los magros precedentes de las cortes
militares, con varios casos aún sin resolver y sentencias demasiado leves en proporción a los delitos cometidos.
Antecedentes varios y recurrentes que han llevado a ciertos sectores a considerar a la justicia militar como una suerte de amnistía entre «bomberos» que evitan pisarse la manguera.
Entre este grupo se encuentra, previsiblemente, el padre del subteniente Poma, quien teme que los culpables de la muerte de su hijo queden impunes. Temor completamente justificado, sobre todo después de la reciente reconstrucción realizada en la Escuela de Cóndores, que establece que Gróver Poma murió de manera fortuita, y que nunca fue víctima de maltrato físico. Conclusión arribada luego de una «exhaustiva» investigación en base a las declaraciones de los propios actores de una escuela especializada en la formación de militares reconocidos por su brutalidad, antes que por su ética o raciocinio.
No obstante, la determinación de un juez de Yacuiba, que declaró improcedente el tratamiento de este caso por un tribunal castrense, abre una luz de esperanza para este padre que sólo busca justicia.






