Si hay un lugar en los fértiles Yungas paceños que se ha posicionado en el imaginario como el mayor productor de coca es La Asunta, cerca de Caranavi pero accesible por el camino que pasa por Chulumani, en la provincia Sud Yungas. Como confirmando esa fama, un periodista de este diario descubrió que la población de la zona crece a un ritmo vertiginoso.
En efecto, según los datos de un concejal del Gobierno Municipal de La Asunta, en los últimos 10 años el número de habitantes de la región ha pasado de 18.000 a cerca de 35.000, es decir, casi el doble. La razón para ese crecimiento demográfico está en la aparentemente alta rentabilidad del cultivo de hoja de coca, que reporta una ganancia superior a los mil dólares por cada cato sembrado.
Es tan intenso el flujo migratorio que, según el edil, cada tres meses nace una nueva comunidad. Según pudo constatar el periodista de La Razón, los nuevos habitantes de La Asunta son casi todos oriundos del norte de Potosí, donde, según uno de los entrevistados, «ya no hay ni ganado» y, se sabe, la pobreza señorea, obligando a la población a migrar.
A contrapelo de este evidente crecimiento de los cultivos de coca, el Viceministerio de Defensa Social, a través de la Fuerza de Tarea Conjunta, ejecuta desde enero de este año un ambicioso plan de erradicación que tiene como meta eliminar más de 8.000 hectáreas del cultivo, considerado excedentario en la zona. Desafortunadamente, el problema principal en la región ya no es el conflicto que genera la erradicación forzosa de cultivos de coca, sino la expansión de la leishmaniasis, también conocida como espundia o lepra blanca, una enfermedad de la piel endémica de la Amazonía boliviana y que es transmitida por un mosquito que abunda en La Asunta; los más vulnerables son los migrantes altiplánicos.
Es tan grave la situación que, según el concejal, una de cada 10 personas tiene el mal. Los médicos que atienden en los centros de salud locales aseguran que hay comunidades enteras afectadas por la enfermedad, y los datos confirman que la población infectada crece día a día, incluyendo a niños y bebés, lo que obliga a disponer casi toda la capacidad hospitalaria para la atención y tratamiento de los enfermos.
En el intento de brindar alivio a los enfermos y hacer frente a la expansión de la enfermedad, la ONG Gestión y Calidad en Salud brinda a la población información y capacitación, pero sobre todo medicamentos para el tratamiento y mosquiteros que ayuden a prevenir la picadura de los mosquitos en los hogares.
Hay, pues, un problema de salud pública de grandes dimensiones, que debería ser afrontado al margen de los esfuerzos desplegados en las tareas de erradicación, pues más que reducir la cantidad de coca sembrada interesa poner freno a la expansión de esta peligrosa enfermedad.






