El domingo, se inauguró el espacio público más amplio de la urbe paceña, un oportuno y necesario regalo para una población necesitada en extremo de espacios de recreación y esparcimiento, pues cotidianamente tiene que moverse en un medio convulsionado por el tráfico vehicular, las marchas, aglomeraciones y la estridencia de los conflictos.
El hecho de que una obra de tal envergadura (7.303 m2 de superficie) haya sido construida en pleno centro de la ciudad, en un punto neurálgico, parada obligatoria para los miles de habitantes que diariamente se trasladan entre las ciudades de La Paz y El Alto, representa una labor plausible de reconocimiento. Pues justamente en ese espacio estratégico confluyen miles de personas, que cada día desarrollan diversas actividades vinculadas con el comercio y el transporte público, y en este sentido fue necesaria una prolongada negociación con los diferentes sectores para llevar a cabo las edificaciones.
Pero aún quedan dos escollos por resolver. El primero, evitar que los vendedores invadan nuevamente la Plaza Mayor; y el segundo, darle vida a ese espacio público, pero no con más obras de cemento o alquitrán, sino con más áreas verdes, que permitan a los acosados habitantes de La Paz descansar los ojos y encontrar desahogo.






