Por las incautaciones y operativos realizados en El Alto, se sabe que cada vez son más los delincuentes que montan fábricas artesanales de cocaína y otras drogas en esa urbe; pues son fáciles de esconder en la “privacidad” del hogar, y suelen pasar desapercibidas a menos que los vecinos se percaten y decidan denunciarlas. Además de un mayor índice de criminalidad y violencia, esta expansión pone en riesgo la integridad y salud de los adolescentes y jóvenes alteños.
En efecto, el martes, durante la conmemoración del Día internacional contra el uso indebido y tráfico ilícito de drogas, la FELCN de El Alto dio a conocer que en inmediaciones de al menos 25 unidades educativas de esa urbe se comercializa droga a los estudiantes. El precio relativamente bajo de estos estupefacientes (los paquetes fluctúan entre Bs 8 y 10), el alto grado de disfuncionalidad que existe en muchos hogares alteños, así como las artimañas que emplean los traficantes para vender y reclutar nuevos miembros constituyen factores que expanden el consumo de drogas entre los jóvenes y adolescentes. Por los terribles efectos en la salud y el desarrollo que causan estas drogas baratas, así como el deterioro que provocan en la sociedad (no por nada El Alto es una de las ciudades más peligrosas y violentas del país), urge tomar medidas al respecto.






