La Amazonía fue reconocida ayer como una de las séptimas maravillas naturales del planeta, en una ceremonia que se llevó a cabo en la comunidad peruana de Loreto. Si bien esta privilegiada región abarca nueve países (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Surinam, Venezuela, Guyana y Guayana Francesa), la nación vecina fue la anfitriona de los festejos, pues fue la que se encargó de promoverla en la competencia internacional auspiciada por la fundación “New 7 Wonders”.
Los argumentos que respaldan esta decisión son varios, todos ellos de gran relevancia. En efecto, la Amazonía atesora al río más largo y caudaloso del planeta, que es también la cuenca hidrográfica de mayor superficie, la cual sustenta una riqueza biológica y natural sin parangón, que ayuda a mantener limpio el aire y el equilibrio biológico de la Tierra.
Patrimonio natural de incalculable valor que, sin embargo, se reduce lenta pero inexorablemente, como consecuencia de la tala indiscriminada y la deforestación. Y es que a pesar de su importancia, no existen incentivos para su conservación. Por ello, cabe esperar que este reconocimiento sirva no sólo para atraer turistas, sino también para desarrollar e implementar políticas internacionales que compensen el costo de oportunidad que implica preservar la selva y los servicios que provee.






