El jueves, choferes sindicalizados y vecinos de Oruro protagonizaron una pelea campal que dejó 22 heridos, a tiempo de poner en evidencia la poca cultura ciudadana que impera en la mayoría de las ciudades del país.
Los primeros organizaron una protesta exigiendo la homologación de un estudio, encargado por la Alcaldía a una consultora independiente, que determina que las tarifas de los pasajes de minibuses y micros (actualmente de Bs 1,20 y Bs 1,00) debieran incrementarse en un 50% y 60%, respectivamente. Aumento rechazado por los vecinos, quienes a su vez se organizaron para contrarrestar el pedido y la marcha de los choferes. Cuando ambos bandos se encontraron, como es de suponer, no faltaron las amenazas e insultos, que pronto derivaron en golpes y agresiones. La trifulca terminó solo después de que la Policía interviniera con gases lacrimógenos.
Este tipo de conflictos deberían resolverse por medio de una autoridad competente, encargada de determinar las tarifas sobre la base de estudios técnicos, que goce de la suficiente confianza por parte de la población, de tal manera que sus resoluciones sean acatadas sin mayores discusiones. ¿Por qué será que nos cuesta tanto construir un orden de esta naturaleza, esencial para vivir en armonía y progresar?






