Un extraordinario incremento experimentó en los últimos 13 años la importación de anticonceptivos, en particular de pastillas e inyectables a base de hormonas. En términos económicos, el fenómeno muestra que el valor de las compras era de aproximadamente 51.000 dólares en 2000 y que para 2013 llegó a 1,2 millones, de acuerdo con datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Pero los números reflejan lo que es más importante: existe mayor demanda y mayor consumo de métodos de planificación familiar. Con ello, la probabilidad de embarazos no deseados se reduce, y la decisión individual o concertada de elegir cuándo tener un hijo se consolida como un derecho sexual y reproductivo de cientos de mujeres, parejas o familias bolivianas.
Ante este fenómeno, corresponde que el Gobierno trabaje en afianzar la política pública que vela por la promoción de la planificación familiar y el acceso a los métodos anticonceptivos preferidos por las mujeres y las parejas, acciones que —como establece la Organización Mundial de la Salud (OMS)— resultan vitales para lograr el bienestar y la autonomía de las mujeres y, al mismo tiempo, apoyar la salud y el desarrollo de las comunidades.






