La ciudad de La Paz celebra hoy su efeméride, 205 aniversario de su grito libertario, en un contexto que provoca optimismo por el presente y futuro de la más importante urbe del país. Es fruto de la vocación histórica de sus habitantes, de un excepcional momento económico y de la institucionalidad de su gobierno local, combinados para beneficio de toda la población.
Fundada por la necesidad no solo de establecer un lugar de paso para comerciantes y ejércitos durante la Colonia, la ciudad también fue sede de la reunión de “los discordes en concordia”; y desde entonces, pero con mucha más intensidad desde que se volviera sede de los poderes políticos del Estado, La Paz recibe episódicamente el espíritu combativo de las fuerzas enfrentadas, y suelen ser más las veces en que un pacto emerge de dicho enfrentamiento, que conflictos irresolubles.
Está, pues, inscrito en la identidad de la ciudad que su nombre suene a ironía, cuando el paisaje urbano incluye cotidianas marchas y manifestaciones por una u otra reivindicación, y esa es su fuerza y la de sus habitantes: el inconformismo, semilla revolucionaria y, ojalá fuera, combustible de la transformación. Reúne, así, al país con su enorme diversidad, con sus contradicciones y sus coincidencias, con su vocación solidaria innumerables veces demostrada, con sus costumbres diferentes y complementarias, con sus fiestas y manifestaciones culturales a flor de piel, con sus muestras de una grandeza a veces latente, a menudo manifiesta.
El buen momento de la economía nacional también se percibe en la ciudad, en la multiplicación de los servicios públicos y privados que están a disposición de sus habitantes, siendo los más notables la línea de buses municipales PumaKatari y el teleférico que comunica la sede de gobierno con su vecina El Alto. Es tal el éxito, que ya están en curso los trabajos para ampliar ambos servicios.
A eso debe sumársele la permanente mejora de la infraestructura urbana; la expansión de las soluciones habitacionales, no siempre al alcance de todos por los elevados precios de la construcción; la disponibilidad de servicios básicos prácticamente en todos los rincones de la mancha urbana, y una vida social y cultural siempre vibrante. Gran parte de esa expectable situación es atribuible a un gobierno municipal que en la última década ha transformado el modo en que se gestiona la cosa pública. Los problemas no han desaparecido, y muchos otros aparecen cotidianamente, pero existen los canales y mecanismos para resolverlos.
Hay, pues, mucho que festejar en este aniversario cívico en el que ya se anuncian nuevas obras para la ciudad y los municipios vecinos, pues es síntoma de que el desarrollo ha dejado de ser una aspiración, que día a día se hace evidente, y cuyos beneficios están al alcance de las y los habitantes de La Paz.






