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Apoderarse del pasado…

El vencedor, que escribe la historia  a su medida, planifica su futuro para prolongarse

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Por Édgar Arandia
/ octubre 19, 2014
en Voces

Este mes se cumplen 11 años de la revuelta popular de El Alto. Todos sabemos que fue el resultado de una serie de explosiones sociales que se fueron acumulando a lo largo de casi 30 años. La inestabilidad y agotamiento de la clase hegemónica y sus modelos que no podían reinventarse desde la derecha ni la izquierda fueron sorprendidos por una revuelta que nunca lograron entender, porque no fue planificada en las cátedras universitarias ni en los estudios jurídicos.

Todos los marxistas de la clase alta confundían el método de análisis económico-político enfocado hacia el capitalismo con dogmas de fe, que después  maldijeron. Marx mismo declaró en un congreso socialista en París: ”Señores, yo no soy un marxista”, para relevar que el fanatismo y los extremos no son productivos a la hora de asumir la teoría con la práctica. Es por eso que, antes y después de las elecciones, algunos grupos de la burguesía nacional que en sus tiempos de universitarios agitaban banderas extremistas terminaron volviendo a su redil de clase y abandonaron sus sueños de juventud para darse cuenta de que estaban poniendo en riesgo sus intereses y su hegemonía de clase; tanto desde la derecha como desde la izquierda señorial. Pero el marxismo es versátil, el mismo Lenin tuvo que realizar muchas adaptaciones pragmáticas para resolver los problemas nuevos que enfrentaba en una Rusia (1917) con tradiciones zaristas arraigadas fuertemente; y el mismo Trotsky acusó luego a Stalin de falsificar y adulterar el marxismo. Todos sabemos que en las universidades de EEUU el interés por el marxismo es, hasta ahora, objeto de estudio, no precisamente para ponerlo en práctica, sino para dejar sin motivaciones a aquello 0que en el primer tercio del siglo pasado eran los motores de las luchas sociales: obreros que trabajaban 12 horas, sin seguro médico, sin aguinaldos; en condiciones precarias y sobreexplotados.

Después de largas jornadas de lucha de obreros y campesinos, los empresarios imperialistas optaron por condecir algunas conquistas, que permitieron la aparición de la social democracia. Eduard Bernstein, su principal ideólogo, afirmaba: “Nadie alienta la idea de destruir a la sociedad burguesa como sistema social civilizado y organizado. Por el contrario, la democracia social no desea disolver esa sociedad y hacer proletarios a todos sus miembros. Se empeña más bien, constantemente, en levantar al obrero de la posición social de proletario a la de burgués, y en esta forma hacer a la burguesía (o ciudadanía) universal”. Esta tendencia fue siempre la que predominó entre esta izquierda señorial que, además, lo único que hacía era alistar el futuro para seguir prolongando su hegemonía de clase capturada durante la República, por eso el viejo dicho “El que se apodera del pasado, se apodera del futuro”. Vale decir, el vencedor, que escribe la historia a su medida, planifica su futuro para prolongarse. La izquierda señorial no puede procesar los resultados de las elecciones, porque no cuadra con sus intereses. Se sienten excluidos y ajenos al proceso; y es cierto, ya lo anticipaba Zavaleta al asentir que la burguesía nacional es ajena en carne y hueso a las culturas bolivianas. No logra asumir que no tiene nada que ver con lo que aconteció en octubre y su desenlace político posterior. Seguramente esperaban ser llamados, porque siempre se sintieron imprescindibles. Ahora la realidad es otra: su racismo les rezuma hasta por la orejas; y es comprensible, aturdidos porque un indio que no pisó Harvard, Princeton y Oxford y que no tiene doctorado recibe un espaldarazo que ellos repudian. Su tarea ahora es descalificar al TSE con el único propósito de ensombrecer un resultado categórico. Califican al pueblo boliviano como raquítico, ignorante y otros adjetivos que develan su derrota y confusión, convertidos en pequeños mercenarios de los grupos conservadores que los recibieron sin ningún cuestionamiento ético, porque saben que no pueden contar con su fidelidad.

Es artista y antropólogo.

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