La Biblioteca de Bicentenario de Bolivia, que lleva adelante el Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, presentó los dos primeros libros de la colección: Antología de documentos fundamentales de la historia de Bolivia, compilada por el historiador José Roberto Arze, y Antología de literatura infantil y juvenil, cuya selección estuvo a cargo de la escritora Isabel Mesa.
Las antologías constituyen un muestrario de lo que se escribe en un país y como tal son producto del criterio del antologador o de ciertos cánones que se ha impuesto o la editorial o institución responsable de la publicación. En este caso me voy a referir a la de literatura infantil y juvenil cuya antologadora es una reconocida escritora de este género. Isabel dividió su investigación en tres partes: Pioneros de la literatura infantil y juvenil (1920-1979) que incluye a autores ya clásicos como Óscar Alfaro, Beatriz Schulze Arana, Hugo Molina Viaña, José Camarlinghi y Yolanda Bedregal; luego viene Nueva literatura infantil y juvenil (1980-1999), en esta etapa incluye a escritores como Gaby Vallejo, Gigia Talarico, Manuel Vargas, Rosalba Guzmán y David Acebey; la tercera parte se denomina Literatura infantil y juvenil contemporánea, entre los autores seleccionados están Liliana de la Quintana, Isabel Mesa, Rosario Quiroga de Urquieta, Verónica Linares y Mariana Ruiz. El libro tiene además un anexo referido a Reseñas de las mejores novelas de literatura infantil y juvenil de Bolivia (1962-2015), entre las que sobresalen Cara sucia, de José Camarlinghi; Academia Europa, de Brayan Mamani; Tatuaje mayor, de Gaby Vallejo; Mallko, de Gastón Suárez; Ururi y los sin chapa, de Gladys Dávalos, y La pluma de Miguel, de Isabel Mesa.
Yo he compilado varias antologías de cuentos y poesía, sé que es difícil realizar la investigación y siempre se corre el riesgo de dejar afuera a otros escritores y que, como consecuencia, algunos de los ausentes maldigan al autor de la antología o de la “antojolía” para decirlo con palabras de los propios maldicientes. Espero que a Isabel no le suceda que, como en mi caso, aparezcan algunos esposos molestos y la insulten por la no inclusión de sus cónyuges, así como escritores resentidos por no haber sido tomados en cuenta o periodistas que la crucifiquen porque se incluyó ella misma en la antología. Un dato curioso: todos los miembros del Comité Seleccionador de Obras de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia incluyeron libros suyos entre los doscientos seleccionados y algunos hasta dos. Toda antología es valiosa y la de Isabel es una excelente muestra de lo que se escribió en Bolivia en literatura infantil y juvenil, desde los clásicos como Óscar Alfaro hasta los jóvenes como Brayan Mamani. Felicito a Isabel por la valentía de haber aceptado el desafío sabiendo que las acostumbradas y dañinas malas lenguas harán escarnio de su trabajo.






