Días atrás se reunieron cinco alcaldes para firmar uno de los más importantes acuerdos para nuestro futuro urbano y regional: crear la región metropolitana. Asistieron representantes de La Paz, El Alto, Viacha, Laja y Achocalla. Faltaron a tan importante reunión (quizás la más trascendente de las últimas décadas), dos alcaldías del sur: Mecapaca y Palca. Sus portavoces justificaron la ausencia con, simple y llanamente, sandeces. Indigna saber que nuestro futuro está supeditado a pasiones políticas perentorias, al manejo pueril de la planificación o a la ignorancia supina de este fundamental tema.
El documento firmado en presencia de autoridades estatales y departamentales tiene el propósito de iniciar este largo camino de estudios y concertaciones para (cito la nota de prensa): “la formulación de planes, programas y proyectos; adopción de políticas comunes, la interrelación entre los gobiernos firmantes u otras entidades territoriales autónomas y la búsqueda de financiamiento”. Las líneas maestras que guían este acuerdo tienen, inicialmente, seis puntos: agua potable, medio ambiente, desarrollo humano y social, transporte público, seguridad ciudadana y límites territoriales. Todos ellos importantes y trascendentales.
Permítanme unas reflexiones adicionales. Una región metropolitana con visión contemporánea debe tener dos ideas fuerza: la sostenibilidad metropolitana y la región-ciudad inteligente. Ambas deben contar con un liderazgo (técnico y no político) para una adecuada gestión territorial. Para ello, es vital segregar el manoseo partidista de los grandes proyectos: ordenamiento territorial, planificación del uso de suelo, potenciamiento de ciudades intermedias, rellenos sanitarios regionales, sistema masivo de transporte multimodal, conservación de ecosistemas y recursos hídricos, formación de capital humano, infraestructuras energéticas, etcétera.
Esas enormes tareas deben dirigirse a desconcentrar la población y las actividades económicas en las ciudades de La Paz y El Alto para lograr un equilibrio con centralidades regionales en los municipios vecinos; dicho en otros términos: con el planeamiento de una red de ciudades y territorios rurales. La región metropolitana es una oportunidad de oro para recuperar el ejercicio de la planificación tan venida a menos en estos tiempos de improvisaciones y despilfarros de los políticos de turno.
Mecapaca y Palca deben revocar, cuanto antes, su irreflexivo alejamiento y contribuir a este pacto. Trabajando en la región metropolitana esos municipios podrán superar sus evidentes deficiencias e incapacidades.






