Días atrás, un súbdito coreano de 73 años que supuestamente se dedica a la explotación de madera ofreció dinero a pobladores de una de las comunidades de la Reserva de la Biósfera y Territorio Indígena Pilón Lajas (norte de La Paz), a cambio de cráneos y colmillos de jaguar. Afortunadamente los comunarios no solo rechazaron esta propuesta, sino que además alertaron a los guardaparques, quienes detuvieron al extranjero y lo entregaron al fiscal de Rurrenabaque, y ahora podría ser sentenciado entre uno y diez años de presidio por promover la cacería de animales declarados en veda, tal como lo establece la Ley 1333.
Esta reacción ciertamente es digna de resaltar, pues pone en evidencia el elevado grado de consciencia de algunos comunarios respecto a la naturaleza en general y a los jaguares en particular, un extraordinario animal reconocido, con justicia, por los indígenas de América como un ser “místico, sabio y protector de los bosques”, pero que sin embargo se encuentra seriamente amenazado, debido a la destrucción de su hábitat y a la caza furtiva, impulsada precisamente por extranjeros y bolivianos para comercializar sus restos, principalmente a mercados del Asia. De allí la importancia de que sean los propios indígenas quienes luchen para su preservación, con acciones como la que aquí se comenta.






