La discriminación parece ser el pan de cada día en la sociedad boliviana, y todas sus manifestaciones merecen la misma condena, pero algunas de ellas no solo son despreciables, sino que pueden ser muy dañinas en la vida de quienes las padecen. Tal es el caso de la discriminación que padecen niñas y niños en la escuela ora por ser hijos de padres o madres privados de libertad, ora por padecer alguna enfermedad que los tiene postrados en un hospital, ora por tener alguna discapacidad.
El efecto de cualquier forma de discriminación en la escuela se observa en el bajo rendimiento académico que muestran estos niños y niñas, e incluso algunos deciden abandonar los estudios por esa causa. La respuesta la ha encontrado años atrás el Ministerio de Educación, con la implementación de los Centros de Apoyo Integral Pedagógico (CAIP) en todos los penales del país y ahora busca hacer lo mismo en hospitales infantiles. Inclusive gracias a los CAIP no pocos de los niños y niñas hijos de privados de libertad se han convertido en los mejores estudiantes de sus respectivos cursos. Asimismo, parece ir en subida el tiempo que estos niños y niñas dedican a la lectura, así como la cantidad de libros leídos. Sin duda se trata de un programa digno de ser apoyado y proyectado a otros ámbitos donde hace falta.






