45 años, el 20 de junio de 1971, se difundió el primer programa de El Chavo del Ocho. Desde entonces, varias generaciones de latinoamericanos crecieron viendo las aventuras y desventuras del huérfano más entrañable de la región, junto a sus amigos y un puñado de familias, alrededor de un vecindario que a la distancia parece idílico.
A través de estos programas muchos niños que hoy son adultos vivieron como propias las tristezas y alegrías del Chavo y sus amigos, reforzando inconscientemente valores como la amistad, la sencillez y la integridad. Sin embargo, de a poco la vida de sus protagonistas se fue extinguiendo. Primero partió Don Ramón; luego, hace dos años, Chespirito, el principal artífice detrás de este extraordinario vecindario; y ahora último le tocó el turno al Profesor Jirafales.
Y así como estos geniales actores han dado paso a nuevos comediantes, nuevas series se han apoderado de la pantalla chica, ofreciendo un sinfín de opciones de entretenimiento a las nuevas generaciones; pero ninguno como El Chavo del Ocho, porque los programas de ahora son cada vez más violentos y complejos, mundos mágicos alejados de la realidad. O quizás se trate solo de nostalgia; pues, como bien dice una copla de Manrique, “a nuestro parecer, cualquier tipo pasado fue mejor”.






