No estaba segura si poner como título del presente texto Las Guerreras de México o Las amazonas de México. Al final elegí la segunda opción, porque con la primera, a mi entender, hubiese sido injusta con las mujeres. Lo que hacen las mujeres en este pedazo de territorio denominado México es defender a sus comunidades, pueblos, municipios y ciudades de la violencia del narcotráfico, de la violencia del Gobierno, de la violencia machista, de la violencia de los delincuentes.
Si vemos las noticias internacionales nos da la impresión de que México sería un territorio donde la violencia se produce en cantidades industriales y que no se puede hacer nada. Ignorantes, nos dejamos contagiar por la desesperanza. Y eso es lo que el sistema de opresión, violencia y dominación ha instaurado en México y quiere difundir al mundo. Cualquier persona con capacidad de análisis se da cuenta de que el Gobierno, los partidos políticos, la Iglesia, así como los medios de comunicación, están todos coludidos con el narcotráfico y la delincuencia. Todo un armado institucional para apresar la fe del pueblo y su capacidad de autogobernarse para vivir bien.
Desde una mirada machista, las mujeres no pueden defenderse a sí mismas, y mucho menos son capaces de convocar y organizar la defensa efectiva de un pueblo donde hay hombres y mujeres. Sin embargo, han dado una gran sorpresa, recuperando la memoria histórica de nuestras ancestras luchadoras.
En efecto, en diferentes lugares de México han sido las mujeres quienes han convocado, presionado y organizado las autodefensas de las comunidades contra todo tipo de violencia. Son las que en Oaxaca, siendo maestras o no, están sosteniendo las luchas, aguantando las barricadas, combatiendo la represión, para que el pueblo no afloje en su cruzada por la paz; y esta lucha crece, no da pasos atrás.
En Guerrero, las mujeres constituyen una parte fundamental de la seguridad comunitaria. Armadas de lo que pueden (machetes, pistolas, piedras, fusiles…) empuñan a la vez sus sueños de vivir bien con sus familias, comunidades, organizaciones y pueblos; esgrimiendo como hondas al viento sus argumentos que dan en la cara de los cínicos opresores.
Los compañeros del sistema comunitario de seguridad están atentos en todo momento; no tienen feriados ni vacaciones, porque la delincuencia no da cuartel y la responsabilidad de cuidar es permanente.
Posiblemente ellos, como papás, no hayan cuidado bien a sus propios hijos e hijas, pero ahora aprenden a cuidar a su comunidad. Y justamente es ese el espacio para la convocatoria que nuestras hermanas feministas comunitarias hacen, aquí es donde ponen a pensar a nuestros hermanos, les tocan ese corazón que ya está un poquito ablandado por tanta injusticia, dolor y miedo que combatir.
Las cumpas en Ciudad de México, presurosas, convocan y ayudan a organizar marchas multitudinarias que inundan las calles. Entretanto, nuestras hermanas en Guadalajara mojan con su llanto los hilos para teñirlos de esperanza y tejerlos con nosotras y nuestro movimiento. ¡Cómo no amar a estas mujeres que no aparecen en la tele, pero sin embargo ocupan el corazón que “se vuelve a los 17” de quien sabe mirarlas!
Es feminista comunitaria.






